SEMANA 8 del Embarazo. Los cambios en el Bebé y la Madre

En la semana 8 del embarazo, el embrión ya no depende del saco gestacional, que hasta el momento había sido el responsable de aportar el oxígeno y los nutrientes necesarios para su desarrollo. A partir de ahora, la placenta se encargará de pasar los alimentos al feto a través del cordón umbilical.

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Ecografía 3D, 4D o 5D

¿Qué sucede en la octava semana?

Cambios en el bebé

En la semana octava de embarazo, el embrión ya mide unos 14 milímetros y en su cabeza ya pueden percibirse los ojos, las orejas y la punta de la nariz. La columna poco a poco se va enderezando, aunque la cabeza es aún más grande que el cuerpo y se encuentra colocada hacia delante.  

Durante esta semana, el rostro del feto está adquiriendo su forma, con la mandíbula y el labio inferior ya formados. A medida que pasan las semanas se va pareciendo más y más a un bebé. De hecho la cola final que posee el embrión ya está empezando a desaparecer para ser sustituida por lo que será el coxis o parte de la columna.

Los ojos y las orejas están creciendo, al igual que los dedos de sus pies y de sus manos. Aún están unidos, pero poco a poco irán soltándose. En una ecografía se detectará el latido de su corazón (160 latidos por minuto) y sus válvulas aórtica y pulmonar, y su rostro e incluso codos serán perceptibles.

No hay duda de que se trata de un momento en su proceso de desarrollo muy especial. Durante esta fase, el cerebro que hasta entonces tenía una estructura hueca, comenzará a formarse en diferentes zonas: cerebro posterior (médula, puente y cerebelo) y cerebro medio (tálamo y hemisferios cerebrales).

Como ya habíamos mencionado, la placenta ahora sí asumirá por completo su función: nutrir al feto mediante el cordón umbilical. De esa manera le llegará comida, agua y oxígeno.

De esa manera, los cambios en el bebé en la semana 8 del embarazo son los siguientes:

  • Formación de orejas, labio superior, nariz y párpados.
  • Su cuerpo se alarga de forma notable hasta alcanzar los 14-20 milímetros.
  • Aparecen los codos y aumenta la longitud de las extremidades.   
  • El esqueleto está dotado de cartílagos suaves.
  • El corazón muestra con claridad las válvulas aórtica y pulmonar.
  • El árbol bronquial se divide en varios bronquíolos.

Cambios en la mamá

La futura madre apenas advierte cambios físicos, aunque eso no significa que en su interior no tengan lugar. El útero está empezando a crecer y en estos momentos tiene un tamaño considerable. A partir de ahora crecerá de forma gradual y tenderá a contraerse de forma continua. A medida que el embrión vaya creciendo, es posible sentir ciertas molestias o calambres en las piernas, costados y en el bajo vientre.

Los cambios en el estado de ánimo seguirán haciendo de las suyas. A fin de cuentas, los cambios hormonales están intercediendo para que el cuerpo acepte la nueva situación y es normal vivir estos momentos, a veces irracionales. También se experimentan los síntomas clásicos de embarazo de los que ya hemos hablado en anteriores ocasiones: intolerancia a los olores, náuseas y vómitos, cansancio y ardores de estómago.

Los síntomas habituales seguirán latentes, aunque muchas mujeres sufren un dolor ciático bastante molesto que aparece en las nalgas y sigue en las piernas. Este dolor se produce como consecuencia de la inflamación de este nervio por la presión sufrida por el útero a medida que éste crece y se desarrolla. En estos casos, lo mejor que se puede hacer es tumbarse sobre el lado opuesto al que duele para tratar de reducir la presión ejercida sobre el nervio.  

Cuando hablamos del primer embarazo, es muy probable que aún no se noten cambios en la cintura ni en el abdomen. Lo que sí provoca el útero al crecer son pinchazos bajo el vientre o ciertos dolores parecidos al periodo de menstruación. Los calambres en las piernas pueden llegar a ser habituales e intensificarse por la noche, aunque no todas las embarazadas los padecen de igual manera.

La mayoría de los profesionales piensan que éste es el momento perfecto para hacer los primeros análisis de orina y sangre con el fin de evitar cualquier complicación que esté relacionada con una infección o enfermedad.

Lo más frecuente es hacer un análisis por cada trimestre, aunque la decisión dependerá del médico y del estado de salud de la embarazada. Por regla general, la futura mamá acudirá a consulta cada cuatro semanas o seis en caso de no producirse ningún incidente. Si en la semana 8 de embarazo se lleva a cabo una ecografía, será posible contemplar el latido cardiaco e incluso leves movimientos del embrión.

Cuidar la alimentación sigue siendo algo primordial y en la semana 8 de embarazo es conveniente hacer una dieta rica en calcio, yodo, hierro, vitamina D, ácidos fólico, zinc y ácidos grasos omega 3. Los alimentos que proporcionarán en gran medida estas sustancias son: verduras, frutas, legumbres, pescados, lácteos, frutos secos, carnes magras y huevos.

En estos momentos también conviene ser precavida en cuanto a la forma de preparar la comida:

  • Lavarse las manos con agua y jabón.
  • Lavar bien los utensilios de cocina a utilizar.
  • Servir la comida caliente.
  • Mantener los alimentos a la temperatura correcta en el frigorífico y el congelador.
  • Recalentar los alimentos congelados una sola vez.

Los mareos son una constante y para evitarlos hay que tener cuidado al levantarse de la cama, haciéndolo por fases: de estar acostada a permanecer sentada, y posteriormente ponerse de pie. El mareo también puede venir al tener un nivel bajo de azúcar en sangre o tras permanecer mucho tiempo de pie.

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